Mi cumpleaños ha sido durante este mes. A mi condición de «Sacerdotisa» se une el elemento «Luna» fortificado con el signo cáncer, así que ya me contarán cómo manejamos la ciclotimina, la emocionalidad y la sensación de tener más que ver en el pasado que en el futuro. Mis pasos, lentos, llegaban casi a detenerse en julio… ¿Otro año más? Cada verano lo mismo, la sensación de no haber hecho lo suficiente, la autocrítica de no tener cien proyectos proyectados llevados a cabo. Pero este verano ha sido distinto, porque no me he sentido con esa sensación «lunática» que solo los cánceres conocen. Me he sentido bien, cayeron 42.
Empiezo a conocerme y a sentirme a gusto, a no cuestionar la evolución como un paso más sino como un anclaje menos en ese pasado, turbio, a veces luminoso, donde los proyectos proyectados que no vieron la luz no pesan tanto, «si no salieron por algo sería». Quienes se acordaron de ese día fueron muchos, no todos los que figuran como «amigos» en esas etiquetas ridículas con contadores que terminan en miles. Los que no quisieron acordarse espero que les costara, jajaja, pasar de ello y se acordaran aunque fingieran que no.
Cada día me enfrento a personas que pierden, cosas, vidas, amores, hijos… y me siento una privilegiada por poder hacer algo que me gusta aunque a veces me desborde. Estoy aprendiendo a no dar tantas explicaciones, a que el frío del convencimiento sea cada vez más poderoso.
Fabuloso desastre me adjetivo;
me conozco me topo me desvelo
yo ya no tengo pelos en la lengua
ni gatos en la tripa ni remedio.
Gloria Fuertes, de Sola en la sala
Al final, las personas más bondadosas son las que se entregan aún en la pérdida. Y ante la pregunta ¿por qué tengo tan mala suerte, por qué me ocurren cosas malas? propongo una respuesta, vivir. Si no vives no sufres y no conoces el alcance de la profundidad de tu corazón. Y no alucinas escuchando una Follia de Corelli, por ejemplo.
El reto debe ser la integridad espiritual. Es el momento en ser Uno, íntegro y luego… los demás. Porque solo desde la integridad puedes darte y no sentir conciencia de la carencia. No es qué te falta, es lo que no eres, ni es lo que te deben sino lo que te debes a ti mismo.
Los usos del Tarot se pueden dividir en uso Iniciático y uso Adivinatorio. El uso iniciático del Tarot es el más antiguo, el que le dio origen, mientras que el segundo es el medio de adivinación más popular dada la precisión de sus imágenes. En la Edad Media, cuando se difunde el Tarot en Europa, la Inquisición perseguía todas las formas de religiosidad derivada del paganismo y, por ende perseguía y sancionaba -incluso con la muerte- a adivinos, sus seguidores y cultores por considerarlos «herejes». Entre las prácticas condenadas por esta instancia religiosa, estaban los naipes de adivinación, por relacionarlos con la brujería.





















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