mar03dic

Una historia de piedras

Escrito en Lectura de Tarot

¿Quién no tiene o no ha tenido una piedra semi preciosa como amuleto? ¿Quién no toca, frota, esa piedra cuando la ve o la lleva encima ante una situación complicada?

Todos conocemos alguna que nos han regalado para la envidia, serenidad, don de palabra. Obsidiana, Turmalina, Ojo de tigre, Amatista o Cuarzo. Además de bonitas nos protegen.

¿Puede ser cierto ese poder?

Os vengo a contar historias sobre piedras. Como sabéis, llevo poco más de un año en que no estoy con vosotros a tiempo completo. Trabajo fuera de casa todo el día y por eso habéis notado mi ausencia. Era necesario que saliera al mundo y soy feliz con este cambio.

Pues bien: Hace unos años, realicé un Máster varios años -muchos- tras finalizar la licenciatura y otros estudios. Volví porque tenía una espinita clavada y quería concluir lo que para mí era un ciclo. Allí tuve una compañera, María, que realizaba bisutería para ganar dinerillo extra. Valoro mucho todo lo que implique un esfuerzo del tipo que sea y además me gustaba lo que hacía. Una de las piezas que le compré fue una pulsera de los 7 chakras.

Soy una persona que uso las mismas cosas un tiempo y luego voy cambiando. Me gusta ordenar mis cajones con menos frecuencia de lo que debería y la encontré tras cuatro años que no la usaba. Decidí usarla para el trabajo, porque el ambiente es competitivo y hay mucho cruce de energía, jajajaj. Una de mis compañeras tenía una muy mala racha, realmente mala. Llevaba puesta la pulsera, el primer día, y se la presté. Le dije: “Llévala hoy y verás que todo se aclarará”. Como podéis suponer, nadie en mi trabajo tiene la más remota idea del blog que comparto con vosotros.

A los dos días llega con cara compungida con una caja amarilla (mi color preferido). Me la ofrece y me pide disculpas. La pulsera HABÍA ESTALLADO. Me quedé sorprendida, ella había recogido las 14 bolitas. Le dije, sin pensar, que lo que fuera que tenía, esa pulsera lo había parado.

La cajita estaba allí y yo no quería arreglarla. Sabía que no tenía que arreglarla.

Pasaron los días y yo cada día con ella en el bolso. Hasta que vi a una mujer que hace piezas a mano. Se había pasado por la oficina y tenía cuenta en Instagram y Facebook. Le escribí y le pregunté si me arreglaría la pulsera y le compraba algo más. Me dijo que sí.

Aquí viene la segunda parte:

Belén vino con un muestrario para que viera cómo trabajaba. En ese momento entró otra compañera mía. Se le cayó todo, todos los clasificadores, todas las piedras. Belén mi miró y me dijo: Te lo voy a arreglar.

Mi compañera Francesca está mucho más consolidada en el trabajo, tiene nuevas perspectivas y está comenzando una nueva relación (estable). Mi ex compañera que hizo caer todo aquello sin darse la vuelta para ayudar a Belén no está con nosotros. Belén me regaló una pulsera de turmalina que me pongo casi todos los días. La combino con Ojo de Tigre.

Realmente no sé si me protegen o no. Creo que sí y eso es más importante.

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Un comentario para “Una historia de piedras”

  1. M.A. dice:

    Hola Sacerdotisa. ¡Qué interesante historia! Yo también suelo llevar en mi bolso dentro una bolsita de tela una piedra, para 2020 me han recomendado una ágata y ya la he comprado.
    Ojalá pudieras escribir más a menudo, pero entiendo que en la vida hay ciclos, y con ellos hay que cerrar, abrir o renovar de todo: trabajo, relaciones, situaciones, lugares, etc.
    Pero me alegra que estés bien, Saludos.