III. Luna-Sol
Esta pareja encarna el encuentro entre el padre cósmico y la madre arquetípica. En el Sol, son dos niños gemelos quienes reciben sus beneficios y en la Luna, dos perros o lobos, símbolos de la vida animal, del ego humano. Pese a tener varios significados, en las lecturas nos remitirán al padre y madre idealizados, bien por ser verdaderamente perfectos, bien porque estuvieron ausentes en la vida del consultante. Es frecuente ver cómo una mujer cuyo padre estuvo ausente sacar el Sol como compañero ideal, lo que quiere decir que el hombre que se enamore de ella deberá hacer verdaderos esfuerzos para estar a la altura de sus sueños de niña. Asimismo, el hombre que piensa que su madre es la mejor cocinera tiene en mente a la Luna como compañera deseada. Sólo la luna está a la altura del Sol y viceversa.
Cuando el Sol se sitúa en primer término y es seguido por la Luna, los valores de actividad y receptividad están invertidos. Esto puede significar que, en la pareja, la mujer es más masculina, el hombre más femenino, lo que provoca un desorden cósmico y sufrimientos psíquicos en la pareja.
IV. Carro y Estrella
Se trata de los dos números más activos de la serie, El Príncipe del Carro posee dos aliados, sus caballos femenino y masculino, la Estrella sus dos jarras. Aparece desnuda como símbolo de su alejamiento de la riqueza material, su poder es el de la humildad. Él, coronado, vestido e investido de todos los signos de poder. El valor del orgullo sagrado. El encuentro entre estos dos arcanos crea una acción de gran intensidad. Sus fuerzas son iguales pero con actitud distinta. El dinamismo y movimiento del Carro se contrapone con el sitio preciso que ha encontrado la Estrella, ella encontró el lugar sagrado.
El Carro puede llevar a la Estrella en sus aventuras, entonces parten juntos a conquistar el mundo, de modo que la saca de su vida sedentaria.
En el orden inverso, la única diferencia es que la movilidad del Carro se ve frenada por lo estático de su compañera, y la acción de ambos se producirá en el territorio de ella, donde el Príncipe dará su aportación mediante un inmenso don.
V. Justicia y Ermitaño
En la Justicia existe el equilibrio perfecto, en la carne, en el espíritu. A los demás, como a sí misma, da lo que se merecen. Su manto con manchas de armiño en el costado nos recuerda su origen real y que la justicia deber ser la principal característica del ser humano. Es perfecta. No puede cambiar.
El Ermitaño, en cambio, representa la crisis, el tránsito, la trasgresión. Es activo hacia el pasado y receptivo hacia el futuro. Deja la perfección simbolizada por el 8 para ir más allá, sin saber ciertamente hacia dónde. La luz de su sabiduría no está hecha para ser mostrada, sino que se ilumina para que lo vean.
Cuando la Justicia es seguida del Ermitaño se produce un hecho o acontecimiento benéfico. Este aporta a aquélla un nuevo punto de vista, de modo que la permanencia de una se equilibra con la impermanencia del otro.
Cuando el Ermitaño es seguido por la Justicia hay peligro de conflicto porque ella corta con su espada cualquier posibilidad de crisis positiva, de modo que se vuelve absolutista y no acepta pensamientos caritativos.

























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