Para mucha gente los conjuros son una forma rápida de conseguir solucionar sus problemas. Tienen la idea de que con decir unas palabras mágicas se logra todo lo deseado, por la vía rápida. Pero no es así. En realidad un conjuro, arreglo, trabajo, tiene que suponer un esfuerzo por parte del solicitante. En algunos casos ese esfuerzo puede ser realmente importante.
El que algo cueste un poco ya suele ser motivo para espantar a los que quieren lo fácil, los que no centran sus esfuerzos en algo que les resulta prioritario e importante en sus vidas. Como en el ejemplo del conjuro para cambiar de color de ojos, nos encontramos ante una trivialidad, algo sin importancia que se quiere como se querría ser millonario o tener una gran casa junto a la playa.
Por eso hay que desconfiar de los conjuros “fáciles”, que no suponen ningún esfuerzo (económico, de tiempo, de dedicación). Esos conjuros son normalmente una pérdida de tiempo, o de dinero.
Cuando alguien que tiene un problema de difícil solución me pide que le busque un conjuro para terminar con sus males, a veces le puedo ofrecer uno que puede funcionar. En esto insistir en que no hay nada seguro. La falta de garantía absoluta del éxito, unida a que a lo mejor supone un desembolso económico, hace que muchos decidan descartar la opción.
No quiero convencer a nadie de que use conjuros en la vida diaria, solo decir que esas personas tan inconstantes suelen tener el problema precisamente en eso, en su inconstancia y falta de voluntad. Llegan a una situación problemática por carecer de una virtud tan necesaria en la vida: la capacidad de concentrarse en el trabajo, en luchar por lo que se quiere sin garantía alguna de conseguirlo.
Si uno piensa en una persona de éxito, como el piloto Fernando Alonso, tiene que saber que para llegar donde esta tuvo que entrenar muy duro desde pequeño, sin garantía alguna de que aquello sirviera de algo. Cuando el piloto corría en carreras de niños de seis años, lo hacia contra otros de edad similar, con trayectorias similares. Ahora él está en lo mas alto de su carrera deportiva y es famoso y millonario.
Pero los otros niños que perdían esas carreras contra él no tenían menos dedicación y voluntad de éxito. Simplemente lo intentaron y no funcionó, ahora se dedican a otras profesiones, alejadas o no del mundo del motor.
Es por esto que hay que entender los conjuros no como un atajo y una vía fácil para conseguir lo que se desea. No es mas que otra forma, con otros medios. Pero en mi opinión el esfuerzo es fundamental.
Pensemos por ejemplo en el caso de las curaciones milagrosas en sitios como Vaticano, Fátima o Lourdes. Son desde luego lugares mágicos con gran valor simbólico y espiritual.
Pero el hecho de que una persona enferma, que quizás tiene que caminar con muletas, se atreva a realizar un viaje largo, costoso, sin garantía de que le lleve a la curación, demuestra de por si una gran voluntad de trabajar en el beneficio propio, de conseguir curarse. esa persona no pretende decir unas palabras mágicas y empezar a caminar. Elige el camino duro pero a la vez uno de los que mas perspectivas de éxito tienen. Es esa vía la que acaba llevándole, en numerosos casos documentados, a una curación milagrosa. Si Fátima no fuera una pequeña población alejada de todo, a la que uno va ex profeso a por algo tan especifico, si estuviera en un gran lugar turístico, no tendría tan grandes cualidades curativas.
En este caso ha sido el viaje, la preparación y por encima de todo la motivación personal. En un conjuro la motivación debe ser importante. Quizás lo que más.
Vamos a pensar en uno de los conjuros mas famosos que existen, para reflexionar sobre los medios para su eficacia. Aunque la Biblia sanciona en algunos de sus versículos la practica de la magia, esta llena de referencias a milagros y actos que no son sino productos de la misma. En este caso vamos a pensar en la historia de Jericó. Jericó era una ciudad que fue conquistada mediante un conjuro mágico, con la ayuda de Dios. Veamos como sucedió todo:
Jericó era una ciudad custodiada de Israel, donde nadie podría entrar o salir de ella. Es hasta entonces cuando Josué recibe instrucciones de rodear Jericó durante siete días, mientras siete sacerdotes debían llevar sus siete trompetas.
El día séptimo, se debía rodear la ciudad siete veces y también se debían tocar las trompetas; con el fin de cuando los sacerdotes tocaran las trompetas, todo el pueblo debía lanzar un grito de guerra y con ello los muros de Jericó se derrumbarían.
Fue así como los Israelitas marcharon alrededor de la Ciudad una vez al día durante seis días, en el cual el séptimo ellos marcharon alrededor de la ciudad siete veces y en la sétima vuelta, soplaron los sacerdotes las trompetas, las personas lanzaron un grito de guerra y las murallas de Jericó cayeron totalmente, así los Israelitas atacaron la ciudad y le prendieron fuego.
Como podéis observar, no bastó con pronunciar un frase mágica. Hubo que recurrir a un esforzado trabajo durante siete días. Sin garantía alguna de que funcionara, solo la fe en intentar con todas nuestras fuerzas conseguir nuestro objetivo.
En algunos casos me preguntan que se puede hacer para recuperar una pareja perdida. Le pregunto que han intentado hasta el momento para reconquistarla y me dicen que nada. Quieren algo sin esfuerzo alguno, que no les suponga siquiera un desembolso económico. Con esa actitud, es imposible que un conjuro funcione.
Pensemos por ejemplo un caso en que una mujer pierde a su pareja. Ella es fumadora y él no. A él siempre le molestó que ella fumara, pero fue una incomodidad que supo tolerar a cambio del amor. Si esta mujer ahora quiere recuperar a ese hombre, podría antes de optar por un conjuro, tratar de dejar de fumar. Es una muestra de reconciliación poderosísima. Además de muy buena para la salud propia.
Por supuesto que no es para nada fácil, pero es una buena medida para demostrar hasta que punto uno esta comprometido con su recuperación. Si no eres capaz de dejar de fumar, si el dolor por haber perdido a la otra persona es menor que la ansiedad que provoca no fumar un cigarrillo, es porque es un dolor insignificante. Y como suelo decir, eso no es mas que una buena noticia. Señal de que no es un dolor tan insoportable. Así que no hay por lo que preocuparse, simplemente seguir adelante.